Hubo un tiempo en que cualquier prodigio parecía posible. Cuando abrir las páginas de los diarios era asomarse a una nueva maravilla: máquinas capaces de volar de Nueva York a Londres en pocas horas, vivir 100 años, encontrar energías inagotables... Corrían los últimos años del siglo XIX cuando se produjo uno de los cambios más radicales para la humanidad: la comprensión y domesticación de la electricidad.
Nikola Tesla comprendió, con mentalidad visionaria, las posibilidades que ofrece la transmisión inalámbrica de la electricidad. Descubridor de la aplicación más importante derivada de la corriente alterna, el motor de inducción polifásico, creó la única tecnología capaz de iluminar grandes ciudades y enviar la electricidad a miles de kilómetros de distancia.